Cena de Nochebuena: ¿Restaurante o la casa familiar?

El mundo ha cambiado, los sentimientos han cambiado, la familia ha cambiado; hasta lo que no cambia, lo hacemos cambiar por tendencia. Y la cena de Nochebuena también cambia. Si hay algo empático en una cena navideña es la colaboración, la simplicidad de un menú hecho con el corazón de una familia. Pero ahora, y cada día se suman más, se prefiere el menú navideño de un restaurante, de un hotel (y menos mal que ponen menús infantiles). ¿El motivo?, es de suponer que la facilidad del “todo hecho”, aunque ello conlleve un gasto (excesivo). No entender que la cena de Navidad comienza en el mercado, en el compartir el esfuerzo común, el rodear la mesa familiar a corazón abierto, el olvidar discrepancias y saborear nuestra tradición es una pérdida de nuestros valores frente al consumismo más atroz.

Hay tantas cosas hechas con amor, como el pastel vasco de la fotografía. Y un bakalao al pil-pil hecho en familia, y un cordero en nuestro horno… tantas recetas como esa sopa de ajo que alegra el estomago en los inviernos y que acompaña fielmente; y el caracol, bien aliñado con tacos de jamón y chorizo. Y para lo más exquisitos (y posibles) ese besugo aliñado con una fritura de ajo y guindilla roja.

Quizás deberíamos echar la vista atrás y recordar aquellas navidades, aquellos encuentros sencillos con compañeros y amigos. Y después,  la cena familiar, donde los villancicos no faltaban acompañados de guitarras y pandereta.

En un restaurante !es tan difícil poner sobre la mesa el corazón!