Gernika y Plentzia en la vida y obra de Benito Pérez Galdós

Este cuatro de enero de 2020 se han cumplido 100 años del fallecimiento del escritor canario Benito Pérez Galdós (1843-1920), y aunque considerado uno de los mejores representantes de la novela realista del siglo XIX, no consiguió el Premio Nobel de Literatura en 1912 al que fue nominado. Amante del País Vasco del que era oriundo, su abuelo materno de Azkoitia, lo visitó repetidamente. Plentzia formó para de su obra en  Fortunata y Jacinta y su último y algo más que platónico amor, Teodosia Gandarias Landete era natural de Gernika.

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Galdós en la finca familiar Los Lirios (Gran Canaria) en 1890. Foto Wikipedia

Benito Pérez Galdós y el País Vasco en Auñamendi Euskoentziklopedia:

“La gran figura de la novela castellana (1843-1920) visitó repetida y detenidamente el País Vasco, del que -aunque nacido en Las Palmas- era oriundo. Abuelo materno de Galdós fue Domingo Galdós Alcorta, natural de Azkoitia, que en los últimos años del siglo XVIII obtuvo el puesto de Secretario de la Inquisición en Canarias, donde se instaló (“Memorias de un desmemoriado”, La Esfera, III). El autor de los Episodios Nacionales estuvo en distintos lugares para documentarse acerca de alguno de los mismos, como MendizabalVergara (1899), Zumalacárregui (1898), De Oñate a La Granja (1898) y otros:

“…me dirigí a Cegama, Azpeitia, Pamplona, Puente La Reina, Estella, Viana y otras poblaciones que fueron teatro de las guerras civiles”.

Para su drama Los Condenados, que se desarrolla en el Pirineo, hizo un largo recorrido por Navarra, del que apenas hay noticias. Amén de los libros referidos a las guerras carlistas, donde el País Vasco era protagonista, lo mismo que numerosos personajes, Galdós dejó referencias vascas a lo largo de toda su extensísima obra: fue conocedor y amante del País, de cuyo origen se sentía satisfecho. Señalemos por último Sor Simona, drama estrenado en 1915 y que se desarrolla en Lodosa, Dicastillo y otros lugares navarros durante los primeros años de la Restauración (1875), con personajes navarros también y lugares y referencias al País a lo largo de toda la obra. De su obra se han llevado al cine El Abuelo en tres versiones de 1925, 1951 y 1954; Adulterio en 1945; La Loca de la Casa en 1926 y 1950; Marianela, en 1935, 1940 y 1955; Doña Perfecta, en 1950; Nazarín, en 1959; Tristana, en 1970 (estas dos últimas dirigidas por Buñuel); y Tormento de 1974, realizada por el bilbaíno Pedro Olea”. Texto recogido de este enlace; http://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/eu/perez-galdos-benito/ar-124063/

Teodosia Gandarias Landete (Gernika),  quien estuviera en la vida de Benito Pérez Galdós hasta el final

“En la vida de Don Benito aparece a finales de 1906 Teodosia Gandarias Landete. Residía en el paseo de Santa Engracia, 53, en Madrid. Teodosia es natural de Guernica, tiene cuarenta y cuatro años y es viuda sin hijos. Teodosia despertó en Galdós un gran amor que cierra los años turbulentos con Concha Morell. La correspondencia de Galdós dirigida a Teodosia es un diario de su vida, de sus trabajos, de sus enfermedades, de su ceguera y de sus sufrimientos. Teodosia es una mujer culta, con vocación educativa y se convierte en consejera a la que da a leer sus guiones, manuscritos y pruebas29. A Teodosia la vemos reflejada también en las obras galdosianas como Cinthia-Pascuala de El Caballero encantado, la educadora Athenaida de La razón de la sinrazón y Floriana de La primera república. El amor de Teodosia, como señala Alfonso Armas, fue tan fiel que hasta en la fecha de su muerte quiso estar cerca de Don Benito. Doña Teodosia falleció en Madrid el 31 de diciembre de 1919. Galdós muere el 4 de enero de 1920″: Texto recogido de este enlace: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/amores-amoros-y-rumores-en-la-vida-de-galds-0/html/0237dc4c-82b2-11df-acc7-002185ce6064_5.html

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Cubiertas de primeras ediciones de Fortunata y Jacinta (1887). Foto: Wikipedia

Plentzia también en la obra de Benito Pérez Galdós

También y a modo de curiosidad, en Plentzia se desarrollan algunas escenas de la parte primera de su obra Fortuna y Jacinta (1886-1887). Los críticos coinciden en reconocer que Galdós escribió Fortunata y Jacinta “en la cima de su poder creador”,​ y el propio autor parecía consciente de ello. De ahí que, a pesar de ser un escritor de ‘incontenible fertilidad’, en esta ocasión emplease año y medio en concluir el manuscrito de la novela.