Estamos en los años 20

Estamos en los años 20… del segundo milenio. Aquellos del siglo XX, aquellos del charlestón y las vanguardias artísticas, no fueron años fáciles (aunque se creyeran felices), fueron el preámbulo de una siguiente década decadente, preámbulo de unos años 30 donde comenzaría el mayor genocidio y la mayor guerra de destrucción jamás conocida, sin olvidar la guerra española. Los años 20 que ahora comenzamos están en manos de los jóvenes del siglo XXI, más preparados que nunca, más tecnológicos que nunca, más concienciados del cambio climático que nunca. Y nunca antes el tiempo había corrido tanto. Estamos en los nuevos años 20. Imagen: obra del pintor Julián Momoito (Sopelana 1944).

Todo indica que el mundo en el que vivimos va a cambiar inmensamente. Los científicos sienten ahora que estamos al borde de varios «saltos cuánticos» en diversas actividades científicas, desde la exploración espacial hasta los coches que conducimos, pasando por los ordenadores que utilizamos y la atención médica que recibimos. Y se habla, se especula con importantes cambios, que parecen metidos en un cajón a la espera de que alguien los saque a la luz. Aquí tenemos algunos ejemplos:

– La computadora promedio igualará el poder del cerebro humano

– Espías robot del tamaño de un insecto

– Lápices láser que sellan heridas

– El Mamut Lanoso renace

– El turismo espacial se integra en la vida cotidiana

– Coches a prueba de choques

– Web 3.0

– Energía de un reactor de fusión

– El fin de la parálisis

– Identificación extraterrestre (no referido al contacto)

– Computadoras cuánticas

– Inteligencia artificial: el boom de la robótica

– Tecnología Blockchain

– Avances médicos en diversos ámbitos, entre ellos el cáncer

Esta lista que, probablemente sea más amplia, parece sacada de un libro de ciencia ficción o del futurismo del que nos tiene acostumbrados Isaac Asimov, entre otros escritores. Las publicaciones que van llegando a nuestras manos identifican los próximos años 20 como los más avanzados de los últimos 3.000 años, y así lo corroboran los científicos y las multinacionales que han iniciado una lucha por el avance, que esperamos no sea incontrolado y al final el ser humano no se encuentre así mismo, con cambios tan drásticos, en los siguientes años 30.