Antonio Ranieri: “Mis esculturas representan a la gente de la calle en movimiento”

La ciudad está siempre en movimiento. Sus gentes llenan las calles y chirrían sus pies sobre el asfalto, sobre la plaqueta enrocada, haciendo muescas de un pequeño laberinto,  como sus viejas calles del Casco Viejo. Así es Bilbao y así lo vio Antonio Ranieri aquel agosto de 1978: “vine a Bilbao expesamente para ver sus fiestas, las primeras populares y participativas; y me enamoré de Bilbao”. Han pasado, de aquello, 40 años, y Ranieri, joven escultor y pintor italiano en aquel momento, plasmó en sus óleos su visión de un Bilbao industrial -AHV desde un barco por la ría- los terrenos del actual Guggenheim -entonces Astilleros Euskalduna- y un tranvía que, de forma visionaria, Antonio Ranieri ya registraba en su obra pictórica. “Bilbao ahora representa mucha belleza, pero a mi me encantaba aquel Bilbao industrial”, dice con marcado acento italiano.

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Antonio Ranieri entre su obra, dos bailarinas en movimiento.

Antonio Ranieri de Pace nació en Soriano, Calabria (Italia), una región de cereales, olivos y ciruelos. Su pasión por el arte le viene ya de familia, dedicada a la restauración y decoración pictórica de iglesias y palacios de Calabria, Sicilia y Nápoles. Trabajó desde joven en el negocio familiar a la vez que frecuentaba el Instituto de Arte de Vipo Valentia. Con 18 años se trasladó a Roma donde realizó estudios de Bellas Artes en la Academia de San Giacomo, especializada en técnicas antiguas de pintura y en particular la técnica del fresco.

Lleva afincado en Bilbao desde hace casi veinte años. Pero lo visitó antes muchas veces. Y se unió en pareja con una bilbaina, a la que precisamente conoció en Roma. Los destinos son así. Tiene en Mazarredo, número 31 de Bilbao, su taller: dos grandes salas de un edificio industrial donde trabaja y expone sus gigantescas esculturas -también otras más pequeñas- y sus lienzos, oleos con muchos recuerdos.

Dos muchachas bailarinas, de cerca de tres metros

Sí, son dos esculturas femeninas basadas en el movimiento y elegancia. Yo las mimo, llevo tiempo con ellas. Ahora estoy preparando la maqueta de otra (ya tengo hecha la pieza en pequeño). Serán tres, “las tres gracias” y me gustaría que se ubicaran en Zorrotzaure.

Es un escultor con obras de grandes proporciones, ¿algún motivo?

Digamos que es la versión Ranieri del clásico. Nací en Calabria, que fue denominada la Magna de Grecia, pero no exploto este yacimiento clásico, sino que parto de la presencia del cuerpo y del mito, de la tragedia y el sexo, para abordar una interpretación contemporánea de mis figuras.

Y despliega en su obra una desbordante expresividad

Expresividad, una nueva vida, un nerviosismo moderno y urbano que confiere a las figuras ese talante duplicado entre la intemporalidad del mito griego y la proximidad de lo contemporáneo.

Llegando así a la inestabilidad de la belleza

Desde el punto de vista formal, recurro al arabesco, la espiral, el movimiento, en cierto sentido próximo a las “líneas de fuerza” de Humberto Boccioni. Soy plenamente consciente de esta inestabilidad de la belleza y someto a los cuerpos a un juego de contorsiones capaz de mostrar la inagotable diversidad del cuerpo humano.

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Movimiento en exageradas dimensiones.

Es una expresividad que no te deja indiferente

Es la figura humana con un perfil vitalista, alejado de lo común, de la perfección, abriendo camino a la realidad de los cuerpos en situaciones cotidianas. Es una aproximación y alejamiento y  que el espectador pueda realizarla virtualmente, sin moverse, pues la escala desigual de las figuras lo realiza.

 De Pablo Picasso a Alberto Giacometti

Camino entre el cubismo de Picasso y  Giacometti, antes de los “Etruscos”. También me he visto influenciado por Edvard Munch en su expresionismo.

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Ranieri fotografiado con su gran escultura de “El Txopo”.

Bilbao representada en “El Txopo”,  una escultura del guardameta vasco, de tres metros de altura

Así es, jajaja, tengo una escala romana. Me gustan los grandes volúmenes y Bilbao tiene mucha fuerza y una interesante proyección internacional. A José Ángel Iribar, “El Txopo”, exportero del Athletic, que ya él tiene buena talla, le he esculpido en tres metros de alto y la obra me ha llevado tres años. En mis manos he tenido una joya, que ha abierto la posibilidad de mi inspiración. Y,  por supuesto, a él le gustó y me lo agradeció.

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“Itsaslamia”, obra donada por Ranieri al Museo Marítimo de Bilbao.

“Itsalamia”, un ser mitólgico vasco con forma de mujer y cola de pez, la ha donado al Museo Marítimo de Bilbao

Esta obra la realicé en 1992, en un breve espacio de tiempo que estuve en Donostia. “Itsalamia” es un ser mitológico vasco con forma de mujer y cola de pez, cargado de fuerza y expresividad, características de mis figuras contorsionadas y en movimiento. En la primavera de hace dos años la doné al Museo Marítimo de Bilbao, me pareció un lugar idóneo.

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“Gaia”, en el peaje de la Supersur.

 

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Escultura Ballonti, en las Canteras de Sestao.

 Dos grandes esculturas públicas situadas en Bizkaia

La escultura de Ballonti, del 2006, está situada en una rotonda de las Canteras de Sestao. Es un personaje mitológico -mitad minero- que representa la fuerza de la tierra de los pueblos del valle minero y su poder de regeneración. “Gaia” es una mujer de 11 metros, que se presenta en movimiento y de cuya mano cuelga una araña. Está en el peaje de la Supersur-enlace del Kadagua-. Considero que su ubicación no es la perfecta y pienso que sería mejor trasladarla a Bilbao.

Y el futuro

Seguir trabajando entre Bilbao y Roma. Proyectos que siempre van a mirar desde el clasicismo para llegar a la escultura del siglo XXI. Seguiré representando a la gente de la calle, que es la que me llama la atención. Y siempre en movimiento.