Ascensión Badiola: “Turismo carcelario para las mujeres de la guerra, en tres años pasaban por una decena de cárceles”

Se ha celebrado el 8M lleno de actos reivindicativos, principalmente en la necesidad de una igualdad de género en materia social y laboral. Las mujeres tienen mucho que decir ahora, pero también dijeron mucho en el pasado y se las acalló, como quien mata la voluntad. Ellas fueron las valientes mujeres de la guerra civil española y la posguerra llena de represión. En aquel infierno, las mujeres vascas sufrieron por ser madres, esposas y por ser mujeres. A muchas se las detuvo, se las juzgó sin jueces ni testigos y soportaron “un turismo carcelario, de forma que en tres años habían pasado por diez o doce cárceles españolas”, ha asegurado Ascensión Badiola, doctora en Historia (UNED) y escritora en el trascurso de una mesa redonda celebrada en el Colegio Notarial del País Vasco (Bilbao).

Aquellas mujeres, cuando salieron de las cárceles -muchas de ellas sufrieron palizas y vejaciones incluso después de la guerra- tuvieron que mantenerse incluso a 250 kilómetros de sus casas, sin poder volver a sus trabajos, muchas de ellas maestras y enfermeras. “Y todo ese sufrimiento -nos dice Ascensión Badiola- se ha saldado con un silencio que ha llegado hasta nuestros días”.

Y en aquellas cárceles, las mujeres vascas, separadas de su familia, sin causa justificable para su detención en la mayoría de los casos, tuvieron que soportar que les arrebataran a sus hijos cuando cumplían los tres años. Según Badiola, la fórmula era sacar a las mujeres a la playa (cárcel de Saturrarán) custodiadas por monjas, y aprovechaban esos momentos para llevarse a los niños en camiones. “No hubo registro de esos niños en ninguna cárcel fascista española -aclara Ascensión Badiola- así que en las adopciones perdían su apellido, lo que provocaba que, en muchos casos, costara encontrar a esos niños. Según Aranzadi, en otros casos era la familia de la encarcelada quienes se hacían cargo de sus hijos y luego se les entregaba a la madre, pero no se conoce ningún caso”.

Juanita Mir: la periodista fusilada el 5 de agosto de 1937 por ser peligrosa socialmente

Junita Mir había nacido en Iruña. Periodista y escritora, hija del también periodista Victoriano Mir y Mata, escribía la columna “La mujer escribe” en el periódico bilbaino La Tarde (del grupo editorial del diario Euzkadi). Siempre rechazó la violencia y la guerra y durante la contienda del 36 denunció la crueldad de los sublevados.

“En abril del 37 -dice Badiola- , tras los bombardeos de Durango y Gernika, Juanita Mir escribe sobre esa barbarie y da cifras de muertos. Cuando cae Bilbao (19 de junio de 1937)  ella sigue viviendo en la calle Euskaduna porque piensa que no ha hecho nada malo. La realidad es que es fusilada en el paredón el 5 de agosto de 1937, junto a otro periodista de El Liberal y otros 14 hombres”.

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De izquierda a derecha: Ascensión Badiola, Mª José Lanzagorta y Fernando Obregón.

En la segunda República la mujer tenía mejor equiparación salarial

Mª José Lanzagorta, licenciada en Geografía e Historia (UPV/EHU) y Teología (Unversidad de Deusto) asegura que “en la segunda república la mujer tenía mejor equiparación salarial”. De hecho, la Constitución de 1931 reconocía la igualdad: trabajo social, educación primaria obligatoria también para las mujeres y podían cobrar un salario por su trabajo. Pero la Guerra Civil Española da un paso atrás y la posguerra aún más. Y ni qué decir tiene que aún hoy, año 2019, se sigue reivindicando esa igualdad social y laboral entre mujeres y hombres.

Bizkaia, refugio para monjas y curas de Santander

Fernando Obregón. licenciado en Geografía e Historia (Universidad de Cantabria) nos recuerda que Bizkaia y Cantabria quedaron en zona Republicana al principio de la guerra del 36. “Si bien la mujer no estuvo en primera línea de guerra -dice- sí hizo un papel muy importante en la retaguardia como enfermeras y en fábricas. Incluso hubo mujeres pilotos rusas. Y sí indicar el colapso al que llegó Santander al acoger a 300.000 refugiados bizkaianos. Con la caída de Santander (agosto 37) se dio un encarcelamiento masivo y se dotaron lugares como la playa de Laredo como campo de concentración tras una alambrada”.

Para las mujeres, las cárceles eran los conventos de monjas. Y para aquellas que su único mal era ser madre, esposa o hija tuvieron que soportar vejaciones y humillaciones como era provocar desajustes en su cuerpo con aceite de ricino, cortarles el pelo al cero y después hacerlas pasear por medio del pueblo. “Incluso se dieron casos -recuerda Obregón- de embarazadas que después de dar a luz se las fusilaba. También decir de Bizkaia fue refugio para monjas y curas de Santander, porque el clero era en esta provincia más respetado”.