“Pound”, la historia del desamor

Javier Ibarrola, arquitecto de profesión y lector incansable, es probable que no hubiera imaginado nunca la repercusión que ha tenido su primera novela: “Pound”; una historia que le permite hablar del Berlín prebélico, la II Guerra Mundial, los ambientes artísticos neoyorquinos o la Roma abierta a pasiones. No es casual que sus personajes caminen, línea a línea, por todas las páginas de “Pound” (Ed. Menoscuarto) con la soltura que le da al autor desnudar sus sentimientos, liberar ataduras, penas o culpas. Una historia de amor, de desamores, de secretos; una historia que late en el interior de sus personajes, principalmente en uno de ellos, Pedro Zúñiga, y que nos deja la intranquila duda de ser el espejo donde se haya reflejado el propio autor, Javier Ibarrola.

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Javier Ibarrola: reflejos.

 ¿Cómo fue el paso del arquitecto al escritor?

– Me gano la vida como arquitecto. Cuando llegó la crisis y bajó el trabajo decidí apuntarme al taller de escritura creativa de la Asociación Alea Bilbao, año 2010. Escribí dos relatos, uno sobre el fotógrafo Pedro Zúñiga que también había empezado a estudiar arquitectura (que no acabó) y que visitaba a un escritor que había estado en Berlín en los años de la guerra. En el segundo relato contaba el encuentro de un chico con una antigua novia en Roma. Se me ocurrió unir las dos historias y poco a poco se fue desarrollando la trama.

¿Cuánto tiempo le llevó?

– Me costó tres años escribir “Pound”. Lo hice con cierta irresponsabilidad, por gusto, sin miras de publicación. Pero  tuve la gran suerte de tener la ayuda de mi amigo y escritor Pedro Ugarte, que conocía la editorial Menoscuarto, porque ya le habían publicado,  y me dieron la oportunidad de enviar el manuscrito.

¿Serían momentos intensos?

– La Editorial te deja diez minutos, es decir, si en ese tiempo no les gusta lo que leen, lo cierran.

Acostumbrado a sus proyectos como arquitecto ¿cómo ha abordado el proyecto literario?

– Son distintos. El primero surge de unas necesidades del cliente, de la legalidad y en general de unos condicionantes y una respuestas. Escribir una novela es mucho más libre, no hay condiciones previas; pero eso también es malo porque te tienes que preguntar por dónde empiezas. Inventar cada día tu vida sería dramático.

Su paso por la docencia ¿qué le proporcionó?

– La Escuela de Arquitectura de Donosti fue de las mejores cosas que me han pasado. Estar con gente joven, formarles y obligarme a formarme a mi mismo; y generar ilusión por la arquitectura, fue una experiencia única que tuve que dejar por falta de tiempo.

Ha dicho que espera que las nuevas generaciones  consigan mejores ciudades que las que se han conseguido hasta ahora.

– Si, porque la ciudadanía debe apostar por el conocimiento. Hace falta más cultura y es un proceso colectivo.

 

 

¿Cuales son los escenarios de Pound?

– Joseph Pound vive retirado y enfermo en una residencia del lago de Como y es entrevistado por un fotógrafo, Pedro Zúñiga, que fue durante un tiempo amante de Raquel, sobrina de Pound. El casual reencuentro en Roma de los dos jóvenes revive una pasión amorosa. El tercer escenario es el New York de los años sesenta, el que verá nacer a Pound como escritor.

Y todos ellos se entrelazan para contarnos desamores y otros viejos secretos…

– La historia de Pound es muy desafortunada, como lo es el arresto de judíos en la Alemania nazi, entre los que se encontraban su familia, siendo él muy niño. El embarazo de María, y el levantamiento de un muro que separará a Pound de su ser más querido. Él marchará a New York y ella se casará con otro hombre.

Una historia contada a un fotógrafo que no conoce, quizás por la necesidad de echar fuera las culpas del alma cuando la vida se aleja.

– Pound confiesa sus crímenes, sí, pero al final el arrepentimiento vale de muy poco, si no es a modo de reflexión.

Y tampoco pudo ser el amor entre Zúñiga y Raquel, la sobrina de Pound..

– Así son la mayoría de las historias de amor.

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Arquitecto, escritor y… seductor.

En definitiva, Pound se trata de una novela de…

– De amor, sin duda.

Los personajes seducen y en base a que siempre hay una parte íntima del escritor que se queda entre los párrafos ¿se considera también  Javier Ibarrola un seductor?

– Bueno (risas) eso lo tendrás que decir tú. Lo que está claro es que escribir es un striptease radical. Es lo que más me ha sorprendido de este proceso, como salen los sentimientos a flor de piel: reír, llorar… es una exposición absoluta.

Todos llevamos dentro esa lucha entre la guerra y la paz ¿dónde está su balanza?

– Yo me declino por la paz. Llevo una vida  coherente y honesta.

Para finalizar, ¿qué hace el arquitecto cuando no proyecta y el escritor cuando no crea?

Vivir. Tengo una huerta y me gusta el monte.

¿Pound tendrá una segunda parte?

– No.

¿Segunda novela?

– Si, con calma.